Hormigón y vidrio
El brutalismo porteño: cuatro edificios que la ciudad tardó cincuenta años en querer
En los años sesenta, un puñado de arquitectos argentinos hizo algo que casi nadie esperaba: en vez de copiar Europa, produjeron obras que el mundo vino a mirar. Hormigón a la vista, estructuras que se muestran en vez de esconderse, edificios que parecen máquinas o animales. Este recorrido lee cuatro paradas —dos de ellas, obras de Clorindo Testa— y explica por qué el brutalismo fue tan odiado y por qué hoy se defiende.
Cómo la recorrés
El mapa
Las paradas
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1 · Banco de Londres — El edificio que respiraReconquista y Bartolomé Mitre, 1966: una obra maestra del brutalismo donde la estructura y la piel se separan por completo.
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2 · Teatro San Martín — La cultura como fábricaUn complejo cultural de 1960 sobre Corrientes: salas apiladas, hall vidriado y la idea de que la cultura pública debía verse desde la calle.
- 33 · Biblioteca Nacional — El edificio sobre patas
Proyectada en los años sesenta y terminada recién en los noventa: un volumen de hormigón elevado sobre pilares, con los libros bajo tierra.
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4 · Puerto Madero — El vidrio y lo que vino despuésLas torres de los noventa y dos mil: el final del hormigón visto y el comienzo de una arquitectura que se parece a la de cualquier ciudad.
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